Guía para el inmigrante
Primer domingo de Setiembre
Como todos los años, el Departamento de Pastoral de Movilidad Humana de la Conferencia Episcopal Peruana se complace en celebrar el Día del Migrante y su familia, compartiendo afectos, informaciones y reflexiones sobre este fenómeno tan presente en nuestro país y en el mundo.
Sensible a estas realidades, el Presidente del Departamento de Movilidad Humana escribe su mensaje haciéndonos recordar el compromiso que todos tenemos ante las migraciones de nuestro tiempo. Para que la migración no tome de sorpresa a nadie el Departamento describe los diferentes tipos de movimientos, los riesgos que representan y las orientaciones para una migración segura. Finalmente encontrarán una reflexión que sugerimos sea leída y compartida para la comunidad. Esperamos que este material pueda ser de gran utilidad para las Diócesis, las parroquias, las comunidades de migrantes, los centros educativos, las familias, los entes gubernamentales, etc. Soñamos que la respuesta de cada uno sea para el fortalecimiento de la Pastoral de la Movilidad Humana, que espera tu participación para construir una Iglesia fraterna y solidaria, abierta a los nuevos desafíos del mundo.
Departamento Pastoral de Movilidad Humana
Conferencia Episcopal Peruana
Jr. Estados Unidos 838, Jesús María, Lima 11 Telf. 463-1010 anexo 243 migrantes@iglesiacatolica.org.pe
CARTA DEL PRESIDENTE DEL DEPARTAMENTO PASTORAL DE MOVILIDAD HUMAN EN LA OCASIÓN DEL DIA DEL MIGRANTE Y SU FAMILIA
Queridos hermanas y hermanos, amigos todos:
Como Presidente del Departamento Pastoral de Movilidad Humana permítanme asumir la paternidad de todos, pues mi deseo es hablarles como padre y pastor.
A partir del lema: “Si te vas o te quedas, continuas teniendo una familia”, mi mensaje tiene por finalidad llegar a todos los actores de la Iglesia, la sociedad civil, los migrantes y el gobierno; con la esperanza de que nos convirtamos en los protagonista de la “aldea global” a la que el mundo de las migraciones nos lleva.
La migración es una de las constantes preocupaciones de la Iglesia, pues afecta directamente a la comunión de los seres humanos en el mundo, así lo ha demostrado nuestro querido Papa Benedicto XVI en su mensaje para la XCIII Jornada Mundial del Migrante y el Refugiado, donde expresa su preocupación por la familia y las diferentes formas de migración.
En primer lugar dirijo mi mensaje a los Pastores de la Iglesia: Obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas de diferentes congregaciones. Como pastores somos llamados a vivir la dinamicidad de la Iglesia, caminar junto con nuestro pueblo peregrino, desde nuestras Diócesis, parroquias y comunidades religiosas. La V Conferencia, celebrada recientemente en Aparecida, dedicó una atención especial a las migraciones, que exigirá el desarrollo de una mentalidad y espiritualidad para este sector en movilidad, y para lograr este objetivo, las Conferencias Episcopales y las Diócesis deben asumir proféticamente esta pastoral especifica con una dinámica capaz de unir criterios y acciones que ayuden a una permanente atención a los migrantes, que también deben llegar a convertirse en discípulos y misioneros de Jesucristo, en esta Iglesia que no tiene fronteras, y como decía, nuestro recordado Papa Juan Pablo II: “En la Iglesia, nadie es extranjero”
A la sociedad civil, tan afectada por la desintegración familiar, la pérdida de valores, la violencia, el desarraigo, la indiferencia, la separación, la ausencia…., lanzo el desafío de convertir la hostilidad en hospitalidad, el individualismo en fraternidad, la xenofobia en integración, como formas de recuperar y fortalecer la potencialidad de la unión familiar y en nombre de nuestras familias, asumir una actitud abierta y acogedora, en la persona del migrante y su familia.
A las autoridades gubernamentales, responsables de velar por el bienestar del pueblo, promoviendo la dignificación humana, a través de los programas de desarrollo integral del ser humano, como: trabajo digno, techo, salud, educación; en cumplimiento de sus promesas electorales, poniéndose al servicio del pueblo que ha confiado en ellos esta tarea.
A los migrantes, que por diferentes circunstancias tuvieron que abandonar su pueblo, su familia en busca de mejores condiciones de vida, para que no se olviden que son los profetas actuales de nuestro tiempo, su simple partida, pone de manifiesto las estructuras injustas de nuestro mundo. Igualmente les animo a que mantengan y cuiden siempre sus compromisos familiares, afectivos y efectivos.
Finalmente, quiero hacer un llamado a todos, y para eso, hago mías las palabras del Papa Benedicto XVI, que en su Mensaje menciona que “….es necesaria una atenta presencia pastoral que, además de prestar asistencia capaz de aliviar las heridas del corazón, ofrezca por parte de la comunidad cristiana un apoyo capaz de restablecer la cultura del respeto y redescubrir el verdadero valor del amor. Es preciso animar, a todo aquel que está destruido interiormente, a recuperar la confianza en sí mismo. Es necesario, en fin, comprometerse para garantizar los derechos y la dignidad de las familias, y asegurarles un alojamiento conforme a sus exigencias…”
Con la esperanza de que todos y todas vayamos construyendo juntos un mundo más humano, donde el Reino de Dios se haga presente cada día para los migrantes y sus familias, les animo al protagonismo. Reciban mi bendición apostólica con el cariño y la lastima de un pastor y amigo.
Monseñor Daniel Thomas Turley Murphy, OSA, Obispo de Chulucanas
Presidente del Departamento de Pastoral de la Movilidad Humana
Conferencia Episcopal Peruana
