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Palabras en el homenaje a Santa Rosa de Lima, en la Basí­lica de San Nicolás, Amsterdam

Domingo 30 de agosto de 2009
 
Reverendo Padre Cristian,
 
Muy queridos compatriotas, y amigos de Holanda y de otros países hermanos,
 
Muchas gracias, Reverendo Padre Cristian, por sus siempre edificantes palabras, esta vez en la hermosa Misa celebrada hoy Domingo 30, día en que 28 millones de peruanos festejamos cristiana y regocijadamente la Fecha Jubilar de nuestra Patrona, Santa Rosa de Lima, cuya Sagrada Efigie se halla ahora con todos nosotros.
 
Igualmente, muchas gracias Padre por permitirme decir algunas palabras, ante centenares de fieles que colman esta bella Iglesia de San Nicolás.
 
Como sabemos, Santa Rosa de Lima vivió escasamente 31 años, hace cerca de cuatro siglos. Su existencia terrenal, pues, fue breve, pero inmensas fueron sus acciones de amor al prójimo, de entrega a los necesitados, a los desvalidos.
 
Santa Rosa no sólo consagró su vida para ayudar a los limeños, sino a la población entera, cuando en el Perú se produjeron desastres naturales, u otros peligros se cernían sobre los peruanos.
 
Con suma humildad curó y sanó a enfermos, muchos de ellos desahuciados por la ciencia. Trabajaba infatigablemente en favor de quienes requerían auxilio. La sencilla casa de Santa Rosa en Lima era una especie de hospital, por la cantidad de pacientes que diariamente acudían a buscarla, para que les restableciera la salud.
 
Como nos recordó usted en su Homilía, en el Evangelio de hoy Jesús nos invita a volver los ojos sobre el propio corazón, para alejarnos de los malos propósitos, la injusticia, la envidia, el orgullo, la frivolidad. Santa Rosa, Padre Cristian, “no estaba para romanticismos”.  Ella sentia la dicha de la vida al servir a los demás. Miraba a sus semejantes con los ojos de un corazón puro del que brotaba paz, justicia, compasion.
 
Al mismo tiempo, escogió el camino de la Santidad. Llevó una austera vida de meditación y auto-sacrificio, como deseando compartir e identificarse con los sufrimientos de Jesús en el Calvario, para redimir a la humanidad.
 
También Rosa contribuía al sostenimiento de su modesta familia, mediante trabajos de costura y bordado.
Al igual que en el Perú, en muchos países se rinde homenaje a Rosa de Lima, la primera Santa elevada a los Altares en las Américas.
 
Aquí en Holanda, la sureña ciudad de Sittard, Provincia de Limburg, ha declarado a Santa Rosa como su Patrona, designación que ocurrió a los pocos años de su fallecimiento. Precisamente, en estos momentos Santa Rosa recorre en Procesión las calles de Sittard, acompañada de muchos devotos, entre ellos las autoridades locales.
 
Y en esta Santa Iglesia, frente a la Imagen de Rosa de Lima, Patrona no sólo del Perú, de muchos países, de muchas ciudades, y de nuestros corazones, le reiteramos el intenso cariño que le profesamos, y nuestra enorme gratitud por sus permanentes demostraciones de bondad.
 
Muchas gracias, Padre Cristian, y a todos ustedes, queridos hermanos, por este homenaje a Santa Rosa de Lima, cuyas Bendiciones imploramos.